Aquel
paseo por el parque
en la mañana del mes pasado, que aún recuerdo como si hubiera sido ayer, cuando
el viento por la tarde rozó
suavemente mis mejillas he hizo que mi ser vuelva a renacer, a vivir otra vez,
como si antes hubiera estado seco, vació por dentro como un tallo a punto de
quebrarse por falta de amor, cariño y cuidado.
A causa de ese fresco aire vi todo
desde una perspectiva diferente muy diferente, mi mundo ya no era gris, sino un
lugar de esperanza, lleno de vida y muchos colores que jamás en mis diecisiete
años de existencia me hubiera imaginado conocer.
Cuando ya empezaba a caer la noche tu infantil sonrisa tocó mi corazón, ye
te quiero, gritaba mi alma desesperadamente dentro de mi ser. Te fuiste
acercando, y yo a también; lentamente pero seguro, en casi de que otra vez
salga corriendo como un cobarde, como desde el primer día en que te conocí y
topamos miradas de esas que nunca se olvidan.
Al estar frente a frente y ver tu
rostro desanimado, perdido en el mundo como si hubieses llorado toda la
madrugada; en ese momento se me fue la
alegría que llevaba por dentro, sin embargo, poco a poco a través de las
risas que se fueron presentando, en tu bello semblante se te fue pronunciando
tu hermosa sonrisa, la cual te caracteriza mucho y yo amo sin duda alguna.
Al terminar la plática me di cuenta
de que habían pasado horas desde que entre tu distancia y la mía era casi nula,
me sentí muy feliz como si una explosión de sentimientos hubiera surgido en mi
interior. Nos despedimos con un beso en la mejilla, ese es el primer aroma tuyo
que quedó impregnado en mí.
Aunque ahora te tengo en mis brazos
jamás olvidaré en primer día en que entable conversación contigo ni tu aroma
que hasta hoy para mí es como una droga. Tal vez suene muy cursi pero eres y
serás siempre la princesa de cuentos que siempre he esperado tener.
-Cotrina Castro, Nayeli
No hay comentarios:
Publicar un comentario