Cuando el gran Wiracocha creó
el mundo le encargó a su hija Pachamama que diera a cada reino de animales sus
respectivos dones y atributos. Las aves de este modo recibieron el arte de
volar y cantar.
El último de los pájaros que estaba
esperando pacientemente su turno, era tan pequeñito que casi pasó desapercibido
ante la diosa Pachamama. Sin embargo a pesar de su cansancio, ella se acercó y
le dijo “no me he olvidado de ti Colibrí, as te vas a llamar, serás eso si muy
pequeñito en el reino de las aves, pero serás el más veloz de todos y para
alimentarte cazarás insectos gracias a la gran agilidad que vas a desarrollar”.
Es más le prometió que por ser el más modesto y haber esperado hasta el último
le otorgaría una virtud que Colibrí podría elegir más adelante.
Muy pronto Colibrí descubrió que su
vuelo era supersónico y que dicho y hecho no había insecto que pudiera escapar
ante su tenaz caza, pero luego se daría cuenta que para comer debía no solo
capturar insectos sino que ello implicaba quitar la vida a otros seres
indefensos. Pasaron los tiempos y en cada ciclo Colibrí no se mostraba muy
animado al capturar los pacíficos insectos, al final eso le produjo culpa y
hasta desaliento.
El juego era lo único que lo alegraba
y cuando jugaba con sus amigos solía preguntarse por ese perfume dulce que
merodeaba en el gran bosque verde. No pasó mucho tiempo y Colibrí descubrió que
el olor provenía de las flores de todos los colores, era algo que capturaba
todos sus sentidos y con la curiosidad entre las alas decidió probar
alimentarse del néctar de las flores.
Para su mala suerte su pico era
pequeño y le era imposible alcanzar el dulce néctar de las flores. Intentó una
y otra vez estirando su pico y lengua, pero cada intento era siempre inútil. Un
día probó a meter su cabeza, pero ello lo hacía vulnerable ante otros cazadores
y del mismo modo casi siempre destruía las flores. Al final pensó “seguro que
este delicioso alimento está reservado solo para los insectos y será por ello
que debo alimentarme de ellos”.
Intentó tantas veces pudo, casi
indesmayable en su cometido pero siempre sin lograr extraer su ansiada
recompensa. La flor al ver a Colibrí agotado por su frenesí, le dijo su secreto
“si quieres mi néctar, debes tener un pico más largo, de este modo comerás en
abundancia de todas las flores”. Ello pareció no perturbar a Colibrí que
continuó con sus intentos.
Cada tarde Colibrí regresaba a su
morada muy apenado por tener un pico corto y por no lograr extraer el dulce
manjar de las flores. Fue por ello que una de las flores de la montaña sagrada
intercedió con Pachamama haciéndole presente el don que quedaba pendiente para
Colibrí. Este pajarito por su nobleza hasta había olvidado la promesa de
Pachamama. Y es por este motivo que una noche mientras Colibrí dormía, que la
diosa Pachamama convirtió su pico corto en un pico tan largo y perfecto para
tolerar sus vuelos y alcanzar finalmente el sagrado néctar de la madre tierra.
Colibrí de este modo alcanzó el
néctar de las flores, en adelante su dieta no incluiría insectos. Y es otra
historia que el bosque conserva desde el inicio de los tiempos.
-Julcamoro Carmona, Isamar